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Tony Fernández fue un estilista del cuadro



La grandeza de Octavio Antonio Fernández Castro (Tony) fue inmensa, dentro y fuera del terreno. Un ejemplo en todos los sentidos para la sociedad y el país.


Lo conocí cuando jugaba para los Indios del Valle y luego lo traté cuando Bill Madlock lo lesionó y seguía su rehabilitación en el campamento de Toronto. En los últimos años incursionó en los comentarios en la cadena del Licey y nos reuníamos todas las tardes en las oficinas del Licey. Era una joya de sapiencia.


Tony comenzó su vida en San Pedro de Macorís, provincia famosa por ser cuna de grandes defensores de la posición seis. La Serie 23 es cuna de una generación de atletas sumamente hábiles: Robinson Canó, Pedro Guerrero, Juan Samuel, Alfonso Soriano, Rico Carty, Alfredo Griffin por nombrar solo algunos.


Epy Guerrero, el hombre responsable de firmarlo nos dijo en una ocasión que fue uno de sus mejores descubrimientos, el de ese adolescente desgarbado acribillado por el acné cuyas piruetas dentro del campo y lanzamientos sobrenaturales para la primera base eran filigranas. Pat Gillick, gerente general de Toronto lo consideraba “un súper dotado”.

Recordamos a Tony como una figura que pasaba horas perfeccionando su defensa. Un obrero del béisbol sin vacaciones.


Por lo general, Tony Fernández fue realmente un jugador excepcional. Su porcentaje de fildeo de .992 durante sus años de glorias fue un récord para campos cortos y, mientras Ozzie Smith estaba afirmando su reclamo como el mayor talento defensivo en el circuito mayor, Tony consolidó silenciosamente su reinado como la mejor contraparte completa del infield, todo un estilista.


Tony se adelantó a su tiempo como jugador de calidad en ambos lados de la gramilla corta.

Fernández fue el único campocorto de las Grandes Ligas en colocar al menos 4 WAR en 5 temporadas desde 1986 hasta 1990. Tony solidificó su reinado con cuatro guantes dorados, su destreza como un primer bate exitoso (213 hits en 1986) y una velocidad engañosa (32 bases robadas en 1987).


Tony fue un mago de la posición seis. Cerró su carrera como líder de la franquicia de Toronto en juegos (1,450), hits (1,583), triples (72), clasificándose en el top 5 con dobles, promedio, carreras, bases totales, bases por bolas y bases robadas.


Creo que si hubiera jugado sus mejores años en otro equipo que no sea Toronto, estaría en Cooperstown.


Tony fue un jugador humilde que se distinguió con una profesionalidad ilimitada: sin apretones de manos, entrevistas groseras o exhibiciones en el campo. Me siento muy afortunado de haber conocido y tratado a alguien que es tan difícil para mí decirle adiós.


Bienvenido Rojas

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